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Hace pocos días el presidente del gobierno México, Andrés Manuel Lopez Obrador, insistió con más vehemencia y publicamente en exigir disculpas al rey de España por los abusos del proceso llamado conquista o hispanización de américa. El gobierno de México del siglo XXI exige disculpas al gobierno de la España del siglo XXI por lo que pasó en el siglo XVI, XVII y XVIII, y lo hace con la mirada, con el criterio del siglo XXI. ¿Tiene esto sentido? ¿Qué se busca? ¿Qué hay detrás?

Trataré de responder a esto desde 2 puntos de vista, echando un vistazo al pasado, y tratando de elevar la mirada hacia el futuro.

Miremos al pasado. La carta de López Obrador parte de una perspectiva totalmente equivocada, parte de la idea de que España y México eran 2 entidades, y no es así, eran lo mismo. Pasados los primeros años de violencia tras el encuentro de 2 civilizaciones tan distintas, llego la fusión durante 3 siglos, durante 300 años, 300 en los que España y México eran la misma cosa, el mismo cuerpo social.

Voy a repasar brevemente 10 puntos reveladores sobre ese pasado conjunto, de fructífero desarrollo cultural, económico y social:Ya desde 1512 se promulgan las leyes de Burgos, que protegen la vida, el derecho a la propiedad, prohiben el trabajo de niños, de mujeres embarazadas, se favorecen los matrimonios mixtos… Leyes vanguardístas y adelantadisimas a su tiempo. En 1551 se funda la universidad de la ciudad de Mëxico, la primera universidad del virreintao de nueva España, en la que se enseñaba medicina, astronomía, matemáticas, retórica, derecho,… , La de Puebla en 1578, la de Mérida en 1624. Hacia 1531 monjes franciscanos desarrollaron la gramática del Náhuatl. Este hecho no sólo le añade la dimensión de la escritura, la convierte en lengua escrita, sino que ayuda a conservarla, a hacer que perdure.En 1582 se crea la primera cátedra universitaria de Náhuatl.

Nueva España jamás fue una colonia, sino un virreinato como lo fueron también territorios de la península ibérica como Navarra o Valencia. La participación en pie de igualdad de la Nueva España en la vida política de la Hispanidad la demuestra el hecho de que 17 diputados electos, en representación de los 17 distritos de la Nueva España, viajaran a las cortes de cádiz en 1810, en plena invasión napoleónica, para dar lugar a la primera constitución de la Hispanidad, que hablaba de los ciudadanos de ambos hemisferios a uno y otro lado del atlántico.México cuenta hoy con 16 conjuntos monumentales patrimonio de la humanidad, Oaxaca, ciudad de méxico, puebla, guanajuato, morelia, zacatecas,…

Durante esos 3 siglos, México participó de una economía solida, y ayudaba a sustentar la moneda más fuerte del mundo, la moneda de referencia, el real de a ocho. Historiadores norteamericanos especializados en economía estiman el PIB anual, la riqueza anual por habitante de Nueva España hacia 1800 en 450 dólares, versus unos 800 dólares el PIB de los estadounidenses. Es decir, el PIB, la riqueza de un mexicano medio era el 60% de la de un estadounidense medio. Hoy en día la riqueza de un mexicano es el 15% de la de un estadounidense (9000 versus 60.000 dólares). Para alcanzar niveles comparables los mexicanos de hoy día tendría que ganar, generar una riqueza de unos 40.000 dólares por persona y año, no esos 9000 que son hoy la realidad.Hacia el año 1800 el consumo de carne y cereales por habitante en ciudad de México era superior al de París y otras capitales europeas.El famoso viajero y científico alemán Humboldt visitó Mexico hacia 1800, y escribió que el colegio de minería de méxico era la institución científica más avanzada del mundo en temas de minería. también se sorprendió al saber que los mineros mexicanos cobraban 7 u 8 meces más que sus homólogos alemanes. Dijo tambíen que las leyes en Nueva españa eran sabias y justas en general y que no había visto pueblos más felices.

Pero más allá de mencionar estos hechos, seguramente desconocidos por el gran público, y que hablan de una sociedad pujante con una serie de logros culturales, sociales, económicos… destacados, lo más importante es ser consciente de que todos esos logros fueron conseguidos por los entonces españoles que habitaban el territorio de méxico, es decir por los novohispanos, es decir por vosotros, por los que ahora sois mexicanos. Eran los novohispanos, es decir los mexicanos, quienes contaban con una capital al nivel de las más lujosas capitales europeas, erais los novohispanos, es decir los mexicanos, quienes contaban con universidades entre las más reconocidas, con instituciones científicas líderes en el mundo, eran los novohispanos quienes construyeron monumentos que hoy son patrimonio de la humanidad,…

Y ahora miremos al futuro. La carta de López Obrador parte de un triste y no oculto sentimiento de rechazo a todo lo que suene a español, a hispano, a novohispano. Como hemos visto, es difícil no sentir al menos algo de admiración por un pasado que habla de instituciones líderes en el mundo, de riqueza, de pujanza, de liderazgo,… ¿Por qué se echa tierra sobre ese pasado, se denigra, se esconde? ¿Qué hay detrás de esto? Cuando la unidad que era la Hispanidad explotó en 20 países débiles, tras la gran ruptura, tras las independencias de principios del siglo XIX, una de las pocas ideas que podían aglutinar a los ciudadanos de los nuevos países que había que conformar, era el odio hacia un enemigo exterior. Y el enemigo perfecto, era la lejana y muy debilitada España peninsular, que igualmente desfallecida tras la gran explosión de la Hispanidad, no podía ni rechistar. Los líderes de las nuevas naciones fomentaron esa animadversión buscando una cohesión fácil de sus ciudadanos, sin caer en la cuenta de que esa animadversión, ese rechazo era al fin y al cabo auto-odio, rechazo a lo que fuisteis, rechazo a lo que sois. Peor aún, las potencias extranjeras que han buscado siempre someter a los países de la Hispanidad usaron ese autoodio para asegurar la división y la debilidad durante décadas, durante siglos. Y lo siguen haciendo. Joel Robert Poinsett, el repugnante enviado del presidente estadounidense que llegó a México en 1822, con el encargo de comprar por unos pocos millones de dólares la mitad del territorio mexicano a Iturbide, fue el primero que colgó un retrato figurado de Moctezuma en el salón de recepciones de su embajada y dio inicio a su exaltación: era una forma inteligente de inocular el virus de un nacionalismo diferenciador respecto al resto de hispanoamérica y de odio hacia todo lo novohispano. Igualmente, Poinsett inoculó el virus de la masonería yorkina en México, y la supeditación que trae consigo a los intereses estadounidenses. Como bien es sabido, también consiguió su objetivo de robar el 50% del territorio mexicano, aunque no sólo bastó con unos pocos millones de dólares, sino que se requirió una guerra y mucha sangre, y tuvo que esperar hasta el tratado Guadalupe Hidalgo de 1848.

200 años después, siguen siendo efectivos los mismos resortes para encender ciertas emociones en muchos conciudadanos mexicanos. Parece que eso es lo que busca López Obrador: cohesionar a corto plazo a ciertos votantes mexicanos en torno a su gobierno, aún a costa de acrecentar el auto-odio. Quienes tengan una actitud reflexiva deben ir un poco más allá. ¿A qué lleva odiar, dar la espalda a todo lo que suene a español, a novohispano? Otros, en especial los vecinos del norte, lo saben bien, y por eso llevan dos siglos fomentandolo: odiar lo novohispano supone odiar lo que os acerca a todos los países hispanoamericanos y por tanto a la unidad. Odiar lo novohispano supone renunciar a la unidad, y por tanto a la fortaleza. Odiar lo novohispano supone renunciar a un pasado brillante que se puede tocar con los dedos y que lleva a cuestionarse ¿por qué el presente no es así?,… Otros lo saben, y por eso lo fomentan: odiar lo novohispano supone renunciar a construir un futuro de unidad, fortaleza y liderazgo. .

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