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Durante siglos la leyenda negra ha extendido la falsa idea de que los conquistadores españoles sólo llegaron a saquear las tierras de América. Sin embargo, aunque aceptada por muchos, esta leyenda es muy lejana a la realidad.

España compartió con los nativos muchos aspectos de su propia cultura. Uno de ellos es el papel primordial que tenía en el Imperio Español el estudio de ciencias y artes. Esto se vio reflejado en las muchas universidades que se fundaron en la España peninsular, y posteriormente también en todos los virreinatos.                   

Otros reinos europeos no tuvieron el mismo interés en civilizar a los habitantes que iban descubriendo durante aquellos años de exploraciones constantes. Tal es el caso de Holanda, Francia o incluso Portugal, que no tuvieron a bien fundar ninguna universidad en sus colonias americanas.

España dio un trato completamente distinto a sus virreinatos (que no colonias), y decidió dar un gran paso adelante en el desarrollo intelectual de las sociedades virreinales tan solo unos años después de la caída de la Gran Tenochtitlan en 1521. La primera universidad creada en territorio americano fue la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, fundada en Santo Domingo (hoy República Dominicana) por los españoles en 1538. Como referencia, téngase en cuenta que la primera institución asemejable a una universidad creada por los ingleses, el colegio colonial que más tarde daría lugar a la universidad de Harvard, no fue fundado hasta 1636, es decir, 100 años más tarde, cuando en los virreinatos ya existían diez universidades de gran renombre y prestigio. Harvard no es reconocida como Universidad por el estado de Massachusetts hasta 1780, y no es hasta entonces que empiezan a cursarse estudios de medicina.

La necesidad de los primeros colegios

Los detractores de la Hispanidad no pierden oportunidad para señalar que el interés español mostrado hacia los indígenas tenía como finalidad la imposición de una nueva religión monoteísta, y que por tanto la hazaña no tiene nada de loable. Una vez más se equivocan. Es cierto que primordialmente la función de la enseñanza tenía como objetivo la evangelización de un pueblo paganizado, que estaba acostumbrado a observar con naturalidad cómo los esclavos eran sacrificados en actos de terror que incluían antropofagia. Pero no sólo se trataba de inculcar los valores del cristianismo, se buscaba también desarrollar intelectualmente a los habitantes indígenas, ayudando a crear miembros plenos de una sociedad que en el futuro contribuirían a mejorar su comunidad, ya sea construyendo caminos, sanando enfermos, o enseñando a los niños.

Quizá unos de los primeros en dedicarse plenamente a la tarea educativa de los habitantes autóctonos fue el fraile flamenco Pedro de Gante, quien no solamente se avocó a la necesidad de evangelización, sino a la instrucción de los indígenas a quienes se refirió como “de bonísima complexión y natural, aptos para todo y más para recibir nuestra fe”. Fray Pedro fue el artífice del modelo misional-educativo que posteriormente se extendió por toda América.

Desde que el fraile de origen flamenco llegó a México en 1523 (tan solo dos años después de la Conquista), pidió a Cortés que le permitiera instruir a los hijos de la nobleza indígena en Texcoco.  Al año siguiente Fray Pedro organizó una escuela y describió el proceso de esta manera: “He escogido unos cincuenta (niños) de los más avisados y cada semana les enseño a uno por uno… En el día enseño a leer, escribir y cantar; en la noche doctrina cristiana y sermones”.

Fray Pedro de Gante

Caso muy distinto es, por ejemplo, el ocurrido en la India gobernada por los británicos: tuvieron que esperar hasta el siglo XIX para recibir educación. Además, se forzó la imposición del idioma inglés en la educación y el arrinconamiento de las lenguas vernáculas, como el sánscrito, a raíz de la aprobación de la “English Education Act” en 1835 por parte del gobernador general de la India.

El caso de la fundación de colegios en la Nueva España

Los franciscanos al llegar a América en 1524, pronto se dieron cuenta de la importancia de la enseñanza a los indígenas. Es por ello que instaron a las autoridades españolas a obligar a los señores caciques a enviar a sus hijos a la escuela, incluso a los macehuales, que dentro de la estructura social mexica, eran la clase más baja y por tanto la que no era merecedora de una instrucción digna.

Los frailes jugaron un papel muy importante, ya que ellos fueron los primeros en percatarse de la importancia de enseñar a los niños a leer y a escribir. El mencionado Fray Pedro de Gante, de quien aún se preserva una estatua a su memoria en plena Ciudad de México, fundó en 1527 un colegio en el Convento de San Francisco. Ahí dio instrucción hasta a mil niños, a quienes se les instruía en lectura, escritura, latín, música y canto.

Mención aparte merece el tema de los niños mestizos: es sabido que algunos niños mestizos no eran reconocidos por sus padres. La disposición Real ante este infame hecho fue que la educación y el sustento de esos niños se pagarían a cuenta del gobierno. Así fue como surgió el Colegio de San Juan de Letrán en 1548, fundado por el Virrey Don Antonio de Mendoza. El colegio, aunque ideado para acoger a mestizos abandonados por sus padres, pronto se convirtió en un centro de enseñanza al que acudían otras castas por la relevancia y la excelencia de la instrucción que ahí se impartía.

En dicho colegio se tomaban en cuenta las capacidades del alumnado, por lo que a quienes tenían dotes intelectuales mayores se les enviaba a estudiar la carrera de letras. Mientras que a los demás, se les enseñaba la escritura y un oficio para que tuvieran herramientas para generar su propio sustento una vez siendo adultos. El Ayuntamiento se encargó de fundar colegios de la misma índole, incluso uno exclusivo para niñas mestizas abandonadas.

La necesidad de contar con más escuelas se fue haciendo cada vez mayor. En 1536 se abre el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, al que asistían indígenas hijos de la alta jerarquía de los mexicas. Ahí se les instruía en lectura, escritura, gramática latina, retórica, filosofía, música y medicina mexicana. De ese sitio egresó el célebre Antonio Valeriano, indígena que escribió el Nican Mopohua, relato acerca de la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Colegio e iglesia de Santa Cruz de Tlatelolco.

La llegada de los jesuitas a América dio un nuevo impulso a la instrucción pública. Fundaron el  Colegio de San Pedro y San Pablo, así como también el de Santa María de Todos Santos. En este último, incluso se otorgaban becas a estudiantes de gran rendimiento, pero con insuficiencia económica.

Además, las lenguas nativas cobraron gran relevancia desde el inicio del virreinato. Los jesuitas, por citar un ejemplo, tenían prohibido ejercer la enseñanza si no sabían alguna lengua indígena. Vicente Riva Palacio señala que “procurábase familiarizar entre los estudiantes el uso de la lengua latina y de las lenguas indígenas; representábanse comedias en mexicano (náhuatl)…”

Salamanca, Valladolid y Alcalá de Henares, los modelos a seguir

Los colegios pronto empezaron a ser rebasados y fue por ello que decidió iniciarse la fundación de universidades en los nuevos territorios de los virreinatos americanos de la Hispanidad. Como ya mencionamos, la primera de ellas fue la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, fundada en Santo Domingo en 1538.

Universidad de Santo Domingo, fundada en 1538

Entre el siglo XVI y el siglo XVIII se crearon 23 universidades y más de 150.000 titulados se licenciaron en estas universidades españolas en América. Para lograr tal hazaña, era necesario hacerse de un modelo que ya hubiera mostrado su eficacia. Así que se tomaron como referencias las universidades de Salamanca, Valladolid y Alcalá de Henares, y por ende, utilizaron el modelo desarrollado por Alfonso X El Sabio.

Las universidades en América o bien estaban regidas bajo el Patronato Real o bien bajo órdenes religiosas. Las Universidades generales dependían de la autoridad de los monarcas y eran sustentadas económicamente por el erario público. Las privadas dependían de una orden religiosa.

Las reglas salmantinas consistían en contar con dos tipos de facultades, las mayores (derecho canónico, leyes, teología, medicina) y las menores (artes y filosofía). Algunas universidades incluían también cátedras de lenguas indígenas.

En el Virreinato del Perú se fundaron las universidades de San Marcos en 1551, de San Ildefonso en 1608, y de San Antonio Abad en 1692. Lima y la Ciudad de México tuvieron universidades que durante siglos estuvieron al mismo nivel que las universidades europeas.

En el virreinato de la Nueva España se crearon las universidades de México en 1551, la de Puebla en 1578, la de Mérida en 1624 y la de Guadalajara en 1792. Cabe mencionar que las universidades antes citadas son sólo algunas de las principales, pero no las únicas que fueron creadas por españoles. Como muestra de la importancia que se otorgaba a las ciencias, cabe mencionar que la Real y Pontificia Universidad de México, en 1580 pagaba la cátedra de medicina en 150 pesos de oro anuales, una cantidad sustanciosa para la época.

Durante el primer curso, se estudiaban textos de Hipócrates referentes a la anatomía humana. En el segundo curso, tocaba el turno a los textos de Galeno. En el tercer curso, se retomaba a Hipócrates, esta vez con sus aforismos. En 1637 se creó la cátedra de astrología y matemáticas.

En la Universidad de San Marcos en Lima, se cursaban estudios de medicina, así como también se impartían cátedras de método o terapéutica y anatomía. Mientras que en la Universidad de San Carlos en Guatemala se estudiaba la cátedra de medicina, y se fueron añadiendo las de anatomía y cirugía, la de método o terapéutico, y la de astrología.

Destruyamos de una vez la leyenda negra

Las mentiras que se difunden en las escuelas, especialmente en los países de Hispanoamérica, han creado la falsa percepción de que España sólo sustrajo lo bueno de América, y no contribuyó a su desarrollo. Holandeses, ingleses, franceses y portugueses, tienen la fortuna de no recibir el más mínimo reproche internacional pese a no haber dotado a los territorios americanos de instituciones civilizadoras que ayudaran a elevar el nivel intelectual y espiritual de sus conciudadanos, como lo hizo España con la población de sus virreinatos.

Poco a poco, la propaganda falaz de la leyenda negra se desvanece y la verdad se abre paso en el mundo académico y entre la sociedad civil: los hechos y las cifras sustentan la verdad histórica del colosal esfuerzo que hizo el Imperio Español para hacer de sus pobladores, a ambos lados del mundo, ciudadanos con iguales valores morales e intelectuales. España sentó las bases para la civilización americana. Hay mucho que admirar de la labor que hicieron nuestros antepasados. Ojalá estemos nosotros a su altura.


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